lunes 27 de octubre de 2008

Requiem

Mis pensamientos y yo hemos encontrado otro desiderato.

Nos vemos allí.

sábado 25 de octubre de 2008

Una cita de Amélie Nothomb

Il y a un instant, entre la quinzième et la seizième gorgée de champagne, où tout homme est un aristocrate.

("Hay un instante, entre el quinceavo y el dieciseisavo trago de champán, en el que todo hombre es un aristócrata") 

viernes 24 de octubre de 2008

Living in denial

Alanis Morissette lo contaba mejor en su canción, pero viendo las últimas fotos de la Jennifer Lopez post-parto me resulta una ironía impagable que precisamente esta mujer fuera la que decidió asegurar su culo por una millonada. Ya cuando oí la noticia me pareció extraño: ¿cómo se asegura un culo? Con un coche, por ejemplo, es fácil: se trata de cubrir las abolladuras y las roturas de luna. Pero un culo no se abolla; en todo caso se agranda, como le ha ocurrido a otrora bomba sexual latina, y de ser así la culpa vendría de la propia poseedora del culo, con lo que la indemnización al seguro correría de su cuenta. A no ser, claro, que se tratara de evitar posibles moratones en caso de sesión sadomasoquista, pero diría que aunque sea el partenaire el que se pase de rosca indirectamente la propietaria del pandero podría ser imputada a la hora de pagar los daños y perjuicios. Sea como fuere, ahora que su preciado trasero se ha convertido en un portaaviones de primera imagino que los de la póliza le habrán hecho una rebaja, porque de lo contrario estaría pagando un pastón por asegurar un bien que ya no lo vale.

Lo cual me lleva al tema que quiero tratar: ¿cómo hay gente tan estúpida como para querer asegurar su trasero? Vamos, ni que fueran a robárselo con la excusa de que no se tienen ojos en el cogote. Pero lo cierto es que esta clase de personal abunda (por lo menos en Hollywood), y ahí está el siempre edificante ejemplo de Victoria Beckham, esa 'spice' pija que se pasea por la vida como si fuera una top model de lujo cuando en realidad no llega ni a plato de tercera: ella vive su propia mentira y se siente feliz así. No es que sea nada malo deambular por la inopia durante toda nuestra existencia (siempre y cuando la burbuja no reviente por causas exógenas), pero no puedo evitar preguntarme si en realidad esta gente no se da cuenta de lo patéticos que resultan a ojos de la gente normal. Por normal no me refiero a las quinceañeras capaces de hacer cola durante día y medio frente a una tienda para tocar la mano de sus ídolos, sino a los adultos que acarrean el trajín de sus alegrías y sus miserias con toda la normalidad del mundo. Es decir, el 99% de la población mundial. ¿Realmente cree esta fauna que los envidiamos? ¿Se puede estar tan ciego como para ir manteniendo esta clase de actitudes excéntricas y ostentosas y pensar que el resto de mortales nos desvivimos por ser como ellos? ¿A qué clase de lobotomía te someten para terminar siendo así? ¿O es que se trata de una imagen impostada y de una pose a adoptar por contrato cuando lo que realmente quieren es llevar una existencia anodina? Si es así, lo siento por ellos, porque deben sufrir horrores. Y si no, también lo siento. Vaya mierda ser un gilipollas rematado y ni tan siquiera darse cuenta de ello.

jueves 23 de octubre de 2008

Asus 900: primeras impresiones

No sé si recordarán que les dije que pujé en eBay por un Asus 900 con Ubuntu preinstalado. Pues bien, al final me llevé el gato al agua y ya estoy en condiciones de afirmarles que por el momento es uno de los juguetitos que más estoy amortizando de los últimos que han caído (le pondría la medalla de plata tras el fabuloso iMac que me trajo Papá Noel las navidades pasadas). ¿La clave del éxito? Su bajo precio y la apariencia de aparato tosco a prueba de bombas, que lo convierten en el candidato ideal para tenerlo como un "todo terreno" dispuesto a ser sometido a las pruebas más extremas. Como en realidad parece un juguete más que un gadget electrónico (he visto computadoras infantiles de Mickey Mouse con mayor consistencia), uno le pierde el miedo a experimentar y a llevárselo a todas partes para hacer las mil y una perrerías: desde desconfigurar los drivers del wi-fi hasta cambiar todo el sistema operativo, no hay trastada que mi Asus no haya soportado estoicamente y sin quejarse. Además, es rápido, tiene 20Gb de disco duro 'flash' y su batería dura unas cuatro horas: ¿quién da más? De hecho, este post lo estoy redactando con él, y ahora pasaré a chuparme el Fringe de la semana simplemente conectándole los auriculares de mi iPod. Lo dicho, una maravilla.

Evidentemente, hay portátiles más potentes o con un mejor diseño. Y ya sé que Jobs va diciendo por ahí que ellos no saben cómo construir un netbook de menos de 500$ y que no sea una porquería, pero el mero hecho de que el C.E.O. de Apple tenga que desprestigiar a esta clase de chismes no hace más que reforzar la idea de que le está viendo las orejas al lobo (y no soy el único que cree que se está quedando fuera de mercado y que a la larga irá a parar ahí, no en vano el bueno de Steve se hartó de decir en su día que la gente no quería ver vídeos en sus iPod... ejem, ejem). Queda claro que los segmentos de mercado de los nuevos Macbook y de los netbooks baratos no tienen nada que ver, pero a versatilidad y a precio no hay Cristo viviente que supere a estos últimos. Y, francamente, para lo que el 99% de la gente hace servir sus portátiles... Eso sí, si finalmente caen en el vicio consumista y se hacen con uno, no se lo piensen ni un instante e instalen con un simple lápiz USB el nuevo Ubuntu Eee, especialmente pensado para esta marca de portátiles. Yo estuve con el Ubuntu tradicional durante quince días hasta que me lo cargué para poner esta maravilla de sistema operativo, y no vean cómo se nota que el rendimiento ha sido ajustado a la capacidad de la máquina. Vuelo, créanme, ¡vue-lo!

martes 21 de octubre de 2008

McCain, el gafe

La verdad es que no tengo ni idea de quién ganará las próximas elecciones norteamericanas de noviembre, pero francamente, pintan bastos para McCain. Me hizo gracia un artículo que leí la semana pasada en internet sobre la figura del candidato republicano, en el cual se tildaba poco menos que de gafe al senador McCain. Al tipo le crecen todos los enanos y se le afeita la mujer barbuda del circo a la vez, pues ya es mala suerte tener que lidiar en arenas preelectorales cuando tu propio partido es el causante de una de las crisis económicas más bestias que se recuerdan en los últimos cien años. Encima, las asociaciones desafortunadas que los republicanos han intentado hacer sobre Obama y los terroristas les han salido por la culata (hasta el punto de que el propio McCain ha tenido que defenderlo en directo frente a sus electores), el boom Sarah Palin se ha deshinchado a la que la prensa ha puesto a la teórica vicepresidente bajo el microscopio, las alusiones al fontanero Joe -eje del último debate televisado- han rebotado cual boomerang envenenado (no se pierdan a los republicanos intentando defender lo indefendible), el amago de suspensión de la campaña para formar un gabinete anti-crisis deriva en la peor jornada de la historia reciente en Wall Street, incluso Colin Powell apoya al rival y, para colmo, las cámaras pillan al republicano dando un traspiés tras el saludo inicial previo al enfrentamiento con Obama:

 
que, como no podía ser de otro modo en internet, deriva en el mayor choteo vírico desde el cabezazo de Zizou en la final del último mundial (¿no creen que sea para tanto? Pasen y vean, y hay muchos más).
Después de todo este cúmulo de desgracias, si los republicanos ganan las elecciones habrá que hacerle un monumento a McCain. O al Klux Klan, porque será la señal inequívoca de que el racismo latente en los EE.UU. es mucho mayor de lo que las encuestas previas dejan entrever.

lunes 20 de octubre de 2008

Depresión Colectiva

Mucho se está hablando de la responsabilidad de los medios en la actual crisis económica. Hay quien piensa que si en vez de alarmar a la sociedad con portadas catastrofistas se dedicaran a hablar de los líos políticos de siempre, si en los noticiarios se tratara la crisis en la sección de economía y se abriera con la cría del salmón escandinavo, o si en las tertulias radiofónicas dedicaran todo el tiempo que emplean en ilustrarnos sobre la economía a charlar sobre fútbol la gente no se acojonaría tan fácilmente, saldrían a gastar el fin de semana, saquearían como siempre los grandes almacenes (aunque luego no les llegara para la hipoteca) y por consiguiente las empresas no se verían obligadas a despedir al personal o a cerrar sus plantas.

Desconozco la influencia real que las noticias tienen sobre la psique colectiva, pero lo que está claro es que las malas noticias venden. En realidad, mucho antes de que empezara la crisis económica los telediarios estatales ya venían anunciando el apocalipsis por distintos motivos desde hace años. En orden cronológico inverso tendríamos la sequía en Cataluña, el incivismo, el cambio climático, el terrorismo islamista, la guerra de Irak, la enfermedad de las "vacas locas"... y así hasta remontarnos a las profecías de Nostradamus. Cualquier problema que pueda usarse como cebo para atrapar a la audiencia vale: se machaca cotidianamente, se amplifica, se buscan presuntos expertos para opinar del tema y así hasta la prueba final, que no es otra que la de ver si se habla de ello en las barras de los bares. Si se consigue, ¡bingo! Ya tenemos fuente de ingresos para el cuarto poder durante unas cuantas semanas.

El otro día oí a un experto (no me pregunten el nombre porque lo he olvidado) opinar por televisión que la sociedad va a peor desde hace décadas. Por lo visto antes había una cierta ilusión, incluso en épocas jodidas la gente sacaba fuerzas de flaqueza y miraba al horizonte con algo de esperanza. Poco a poco, la población se ha ido volviendo pesimista, depresiva, con pocas ilusiones y se encierra en su burbuja de problemas, arrastrándose por la vida temiendo los reveses que les deparará el futuro. Cabía preguntarse el origen de tanta mala leche generalizada, y aquí es donde yo creo que entran los medios de comunicación. Si es cierto que las malas noticias provocan que se acelere la crisis, ¿no serán también las responsables de la depresión colectiva? De tanto en tanto me topo con alguien (normalmente se trata de gente de avanzada edad) que me confiesa que ya no compran el periódico "porque están hartos de leer desgracias". Yo me los miro y me pregunto si son más felices que el resto. A decir verdad lo ignoro, pero sí que se les nota una cierta actitud despreocupada. No sé si es un síntoma que demuestra la teoría, pero si yo fuera el director de un periódico me andaría con cuidado por si acaso: a ver si con tanto asustar al personal al final la gente va a decidir que ya no están ni para comprar la prensa...

viernes 17 de octubre de 2008

Debates en red

Ya sé que a nadie le interesa lo más mínimo (véase la entrada número 1.000 del blog y sus comentarios), pero sigo alucinando con Friendfeed y sus últimas actualizaciones. En serio, este servicio está evolucionando a la velocidad de la luz y en breve lo veo llevándose por delante a toda la competencia bloguera/twittera. Reconozco que metí la pata hasta el fondo en mis apreciaciones iniciales sobre Twitter: ahora mismo no sólo le veo mucha utilidad, sino que tiene un futuro asombroso si se utiliza correctamente. Aunque mejor debería decir que lo tenía, pues Friendfeed acaba de adelantarlo por la derecha.

Ríanse pensando que estas chorradas sólo le interesan a cuatro freaks (como a un servidor), pero les advierto que media blogosfera se está pasando a estos servicios y buena razón llevan. Déjenme que me explique: según ustedes, ¿cuál es una de las mayores gracias de un blog? Aparte de los textos del autor (la razón obvia), yo diría que la comunidad de comentaristas que se congrega diariamente en una página en concreto para hablar sobre cualquier tema usando como pretexto el último post colgado en la página. Es más, muchas veces la conversación a posteriori adquiere un interés mayor que el texto que la suscitó, y en muchos casos los comentaristas entran en la bitácora sin ni siquiera leerse el post sino atacando directamente la sección de intercambios de opinión (todos conocemos algún blog que entra en esta categoría pero mejor no los mencionemos para no herir susceptibilidades). La cuestión es que hace unos quince días me llamó bastante la atención un artículo de Venture Beat titulado Is political debate driving people to Twitter and changing its nature? Si se sienten cómodos con la lengua de Shakespeare y disponen de unos cinco minutos les recomiendo encarecidamente su lectura. Básicamente, cuenta cómo los analistas de esta clase de inventos se dieron cuenta de que mucha gente se daba de alta en Twitter el día de los debates electorales Obama-McCain o Palin-Biden. ¿La razón? Para comentar en directo el desenlace del debate con los amigotes Twitteros. De pronto, una herramienta estúpida diseñada para ególatras con demasiado tiempo libre se convertía en un espacio de intercambio político de alto nivel, con Twitteros ilustres replicando a las nuevas hordas en tiempo real, gracias a inventos como el maravilloso Twitterfox. Para que nos entendamos, como un chat pero seleccionando a la gente con la que queremos discutir. Por lo que he podido leer por internet estos últimos días, esto es una tendencia en auge en todos los campos: desde comentar un partido de fútbol en directo hasta tertulias literarias o de arquitectura montadas por especialistas desde páginas web en las que uno puede apuntarse. En definitiva, lo mismo que se hacía en los hilos de comentarios de los blogs pero ignorando a los trolls y con grupos más o menos cerrados: el paraíso del comentarista ocioso.

Obviamente, Friendfeed no podía quedarse atrás, y precisamente en el debate entre candidatos a la presidencia USA de anteayer estrenó una herramienta de debate a tiempo real disponible para todas las actualizaciones de sus usuarios. En este caso, lo más parecido al chat tradicional (también con sus "habitaciones" temáticas seleccionables desde cualquier programa de IRC), pero con una interfaz más trabajada y sin tantos cuelgues como los canales al uso que se montaron en los inicios de la era internauta, allá por el pleistoceno. Sea bajo una forma u otra, parece evidente que las nuevas herramientas de discusión abundan en la red (Disqus, sin ir más lejos, también ofrece un servicio de búsquedas entre los comentarios de los blogs, para que un usuario cualquiera pueda saber de qué se está hablando en un momento determinado en cualquier punto de la blogosfera y así poder apuntarse a la movida sin ni siquiera necesidad de leer el post, una acción que pasa a ser algo opcional y casi irrelevante).

Así pues, para los amantes de las tertulias con contenido y a los que no les apetece tragarse un rollo como el que les acabo de soltar yo hoy para poder empezar a pelearse con la clientela, nada mejor que darse de alta en Twitter, Friendfeed o Disqus y empezar a seleccionar a los amigotes con los que tirarse los trastos a la cabeza de forma cotidiana. Sin duda, el futuro de la red... o no.

¿Quedamos en Twitter para el próximo Barça-Madrid?