Somos lo que somos
jueves 16 de octubre de 2008 0:00
La que se ha liado con el cierre del Vicente Calderón por insultos racistas durante la disputa del pasado encuentro de Champions entre el Atlético de Madrid y el Olympique de Marseille. Toda España indignada en lo que se ha tomado como una afrenta directa contra las esencias patrias: vean la portada del Marca de ayer y comprueben cómo la cosa se ha convertido en una cuestión de estado que hay que defender con uñas y dientes, e incluso el presidente Zapatero se ha solidarizado con la situación del equipo colchonero. Los clubs de fútbol ofrecen sus campos como alternativa para el cierre, en una carrera para quedar como el más guapo en la foto contra semejante "injusticia", y el periodismo se rebela con las excusas más peregrinas, algunas de las cuales no tienen desperdicio: que si el delegado de la UEFA enviado al Calderón confundió los gritos de ánimo para el Kun Agüero (¡"Kun, Kun, Kun"!) con los característicos abucheos racistas (¡"Uh, uh, uh!"), que si un periodista francés hizo un calvo desde la tribuna de prensa cuando el equipo galo empató el resultado, que si la han emprendido con el Atlético porque es un pobre club de segunda fila que no se puede defender, que si nos tienen manía y no les bastaba con vetar al Bernabéu...A mí todo esto me parecen milongas, francamente. Está muy bien todo este arrebato rojiblanco pero aquí lo que pasa es que ya nos han sacado los colores en más de una ocasión, y a nadie le gusta verse reflejado en el espejo tal como es. Admitámoslo de una santa vez: somos un país racista, y punto (pregunten a Eto'o o a Roberto Carlos, y alguna cosa les podrán contar al respecto). Y no sólo racista, sino también xenófobo, e incluso entre nosotros: oigan los exabruptos proferidos contra el "catalán" Oleguer, contra los jugadores del Bilbao (de "etarras" para arriba), los ánimos para el jugador serbio Bojan (¡"vete a Yugoslavia!")... Mención aparte merecen las banderitas del pollo, los brazos alzados imitando el saludo fascista y los cánticos de según qué aficiones. Me parece bien que los defensores de la causa patria consideren que el delegado de la UEFA tenía prejuicios o directamente era un ceporro de tomo y lomo (a decir verdad, me parece que no todo el mundo puede llegar a semejante cargo), pero las protestas que se han producido en realidad responden a los clásicos mecanismos de autodefensa hispanos. Aquí ponemos "peros" a cualquier cosa que consideremos injusta, no hay cultura del sacrificio, de la dimisión, de acatar responsabilidades. Y claro, todo son pataletas. Si ya ponemos a nuestro jefe a parir a la que nos alarga cinco minutos el horario laboral o a la que no deja pillarnos un puente de principios de diciembre, si recurrimos por sistema todas las multas de tráfico aun sabiendo que somos culpables, si nuestros políticos pueden meter la gamba hasta arriba y seguir tan campantes en el cargo... ¿cómo cuernos se supone que acataremos cualquier tipo de sanción de manera ejemplar, tal y como harían los ingleses o los franceses?
Finalmente, una pequeña mención sobre los gestos galantes de los otros clubs del país. El señor Laporta, presidente del F.C. Barcelona, se apresuró a llamar a su homólogo colchonero ofreciéndole el Camp Nou en caso de que le clausuraran el campo. Con ello se ha ganado las gracias de todos los atléticos y de medio país, pero como suele suceder en estos casos, se le ha pasado el detalle más obvio: mirar qué opinan los de su propia ciudad. ¿Alguien le ha preguntado al alcalde de Barcelona, a los comerciantes o a los ciudadanos de la Ciudad Condal cómo les sentaría recibir la visita de un montón de hinchas del Liverpool cuyo fin último cuando aterrizan por nuestras tierras es "sol y alcohol"? Demos gracias a la Virgen por atender las plegarias de los barceloneses para que les concedieran la cautelar a los del Atlético...
Etiquetas: deporte, fútbol, racismo, sociedad
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